Aristóteles resumió de forma precisa la esencia del concepto holístico: «el todo es mayor que la suma de sus partes».

Nuestro bienestar es un claro ejemplo de holismo. Depende de nuestro estado físico, emocional y espiritual. Estos tres planos interactúan y dependen directamente unos de otros.

Mindfulness nos proporciona las herramientas adecuadas para gestionarlos, especialmente en lo que respecta al plano emocional y espiritual. Es importante no asociar la palabra espiritualidad a conceptos explícitamente religiosos. El plano espiritual conlleva una alta carga cognitiva y va por tanto más allá de las simples emociones, asociándose a un concepto mucho más complejo: los sentimientos.

El plano físico, por evidente, es el más sencillo de gestionar. El concepto de referencia son las sensaciones, cuyo control es muy asequible: si tenemos frío nos tapamos, si tenemos calor lo contrario.

En el plano emocional el asunto se complica. Gestionar nuestra ansiedad, miedo, vergüenza, etc. es más complejo, y es aquí donde mindfulness encuentra todo su sentido pues mediante su práctica aprendemos a gestionar nuestras emociones. Con la práctica adecuada veremos, sorprendidos, como somos capaces de responder con unos niveles inferiores de ansiedad ante idénticas situaciones que anteriormente nos superaban.

gestionar mis emociones con mindfulness

Actuar sobre el plano espiritual es tarea de mayor envergadura. Entramos en el terreno de lo trascendental. El plano espiritual es el que se relaciona con nuestros sentimientos.  El amor, el odio, la frustración, están altamente mediatizados por nuestra experiencia de vida. Gestionar correctamente el plano espiritual implica entender que la felicidad y el sufrimiento dependen exclusivamente de nosotros. Sólo en nosotros está la capacidad de ser felices o de sufrir. Mindfulness nos ayudará a entenderlo y nos facilitará las herramientas y técnicas precisas para lograrlo.

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