Hasta hace apenas unas décadas la ciencia médica daba por sentado que las células del sistema nervioso no se regeneraban. Ahora se sabe que hay áreas como el hipocampo, relacionada con la memoria, en las que se siguen fabricando neuronas a lo largo de toda la vida. Lo mejor es que en aquellas zonas de la corteza en los que, por enfermedad o por traumatismo, se pierden funciones mentales las células supervivientes son capaces de asumir las tareas perdidas estableciendo nuevas redes nerviosas. Una capacidad que se denomina neuroplasticidad.

Las neuronas no funcionan de forma aislada. En los bebés recién nacidos cada neurona establece una media de 2500 conexiones pero a medida que el bebé va recibiendo estímulos de su entorno, el caudal de información que procesa el cerebro se disparan y se alcanzan los 15.000 contactos por cada célula. Por desgracia cuando el niño cumple tres años el cerebro reduce su ritmo y si no tiene un entorno estimulante  el pensamiento infantil comienza a hacerse rutinario. Después de los 25 años de edad el cerebro comienza a perder capacidad, pero eso sólo significa que para aprender cosas nuevas, el adulto tiene que hacer un mayor esfuerzo y crear hábitos. Salvo que se padezcan determinadas enfermedades, el cerebro es capaz de aprender a cualquier edad. De lo contrario, las personas mayores no podrían valerse por sí mismas cuando tuviesen que resolver problemas de la vida cotidiana. En experimentos con resonancia magnética funcional se ha probado que apenas basta una semana entrenando la mente para que el cerebro comience a responder transformándose literalmente y creando nuevas redes y patrones neuronales, aumentando el número de conexiones. Eso sí, si se abandona la práctica, se pierde también lo avanzado. Así es que usted quien decide hasta donde quiere llegar trabajando su mente y disfrutando de nuevas experiencias, conceptos y comportamientos.

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