Quizás estas indicaciones te ayuden un poco más…

No juzgar

Testigos imparciales. La mente categoriza y etiqueta casi todo lo que vemos. Reaccionamos a todo lo que experimentamos en términos de qué valor creemos que tiene para nosotros.

Reacciones mecánicas de las que ni siquiera nos damos cuenta y que, a menudo, carecen totalmente de base objetiva

«Esto es un aburrimiento», o «Esto no funciona», o «No puedo hacer esto». Se trata de juicios.

 

Paciencia

Tener paciencia consiste sencillamente en estar totalmente abierto a cada momento, aceptándolo en su plenitud. Intenta no tener expectativas, no esperes nada, no te marques metas ni objetivos relativos a tu práctica formal. Simplemente observa a ver qué aparece…

 

Mente de principiante

Nuestros pensamientos y creencias sobre lo que “sabemos” nos impidan ver las cosas como son “mente de principiante” o mente dispuesta a verlo todo como si fuese la primera vez.  Esta actitud tendrá importancia especial cuando practiquemos las técnicas de meditación formal

Ningún momento es igual a otro.

La próxima vez que veamos a alguien con quien estemos familiarizados, preguntémonos si vemos a esa personas con ojos nuevos, como es, o si sólo vemos el relejo de nuestras propias ideas acerca de ella.

 

Confianza

Confianza básica en uno mismo y en sus sentimientos constituye parte integrante del entrenamiento en la meditación

Los maestros, libros y cintas sólo pueden ser guías, postes indicadores

 

No esforzarse

Casi todo lo que hacemos lo hacemos con una finalidad: conseguir algo o llegar a algún sitio. Aunque requiere mucho trabajo y cierto tipo de energía, la verdad es que la meditación consiste en no hacer.

Si nos sentamos a meditar y pensamos: «Me voy a relajar o a iluminar o a controlar mi dolor o a convertirme en una persona mejor», lo que ocurre es que hemos introducido en nuestra mente la noción de dónde deberíamos estar, viniendo con ella la idea de que no estamos bien en ese momento. «Si me encontrase más tranquilo, o fuese más inteligente, o trabajase con más ahínco o más esto o aquello, o si mi corazón funcionase mejor, o si mi rodilla no me doliese, estaría bien, pero en este momento no lo estoy».

La atención plena, sencillamente prestar atención a lo que ocurra.

Si estamos tensos, prestemos atención a esa tensión. Si algo nos duele, sintámonos lo mejor que podamos con nuestro dolor.

La mejor manera de alcanzar nuestros objetivos en el campo de la meditación es la de huir de esforzarnos en logar resultados en lugar de comenzar a concentrarnos cuidadosamente en ver y aceptar las cosas como son, en cada un momento.

 

Aceptación

La aceptación significa adaptarnos a las cosas como son.

Desperdiciamos con frecuencia una gran cantidad de energía negándonos lo que constituye ya un hecho y resistiéndonos a él.

La aceptación no quiere decir que nos tenga que gustar todo, o que hayamos de adoptar una postura pasiva hacia todo y abandonar nuestros principios y valores. No significa que estemos satisfechos con las cosas como son, o que nos hayamos resignado a tolerar las cosas como “tengan que ser”.

La aceptación, como nosotros la vemos, quiere simplemente decir que hemos llegado a la voluntad de ver las cosas como son. Esta actitud prepara el escenario para que, pase lo que pase, podamos actuar de la forma adecuada en nuestra vida.

Visión clara de lo que ocurre.

 

Ceder

Dicen que en la India existe una forma muy inteligente de cazar monos. Según cuentan, los cazadores recortan en un coco un agujero lo suficientemente grande para que el mono pueda introducir por él su mano. Después, perforan dos agujeros más pequeños en el otro extremo y pasan por ellos un alambre cuyo terminal atan a la base de un árbol. El mono desciende del árbol, introduce su mano en el agujero y agarra el plátano que los cazadores han introducido en el coco. El agujero ha sido recortado de forma que la mano abierta del mono pueda pasar por él, aunque no su puño cerrado. Todo lo que tienen que hacer el mono para liberarse es soltar el plátano, aunque parece ser que la mayoría de los monos no cede.  Con frecuencia y a pesar de toda nuestra inteligencia, nuestras mentes nos juegan pasadas parecidas.

Existen determinadas ideas y sensaciones a las que da la presión de que la mente quiere adherirse. Si son agradables, intentamos prolongarlas, estirarlas y convocarlas una y otra vez. Existen, de igual modo, muchas ideas, sensaciones y experiencias que tratamos de evitar, o de las que intentamos liberarnos o protegernos porque son desagradables, dolorosas y porque, de una u otra forma, nos dan miedo.

Cuando nos vemos juzgando nuestra experiencia, dejemos que esas ideas enjuiciadoras se vayan. Reconozcámoslas y no las persigamos más. Dejémoslas en paz y, al hacerlo, permitamos que se vayan. Del mismo modo, cuando nos vienen ideas del pasado o del futuro, dejémoslas en paz. Sólo permanezcamos alerta.

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