Esta especial meditación de unos 20 minutos guiados, se centra exclusivamente en el concepto pañña (atención a las sensaciones corporales),  buscando la facilidad de uso, sin resistencias, mediante la comodidad para encontrar el momento adecuado y el disfrute del mismo.

Uno de los principales problemas (resistencias) que encuentra el practicante de mindfulness al iniciarse es ubicar (robar podríamos decir) a su rutina diaria, ese período medio de 20 minutos para la práctica. Cuando me refiero a resistencia, no lo hago refiriéndome tan solo al hecho de encontrar el “hueco” de de tiempo en sí, sino el hecho de iniciar la sesión, el ponerte a ello, el “arrancar” al fin y al cabo. Para salvar esta resistencia, mi propuesta (comprobada con éxito) es intentar aprovechar un momento en el que ya estamos haciendo una pausa en nuestra rutina.

Siempre va a ser más fácil prolongar una pausa que encontrar una segunda adicional, en otro momento del día. De esta forma, un momento cómodo e ideal puede ser, (y es la propuesta), el de la práctica deportiva. Esos momentos en los que salimos a correr, vamos al gimnasio, damos un paseo o montamos en bici, ya estamos haciendo una pausa (programada eso sí) en nuestro alocado ritmo diario y desconectamos. Intentemos aprovechar la inercia de ese momento, la comodidad de “ya haber arrancado”, incorporando al final del mismo unos minutos de meditación formal basada en las sensaciones corporales (pañña) que en ese momento y debido a la intensidad de la práctica deportiva y el esfuerzo físico, se encuentran totalmente intensificadas (pulso, respiración, temperatura, sudor, etc.) En ese momento, todas estas sensaciones son muy evidentes y excesivamente fáciles de percibir, siendo muy sencillo, por este motivo, mantener la atención en ellas. Esto facilita y potencia la concentración del practicante y la sensación de “éxito” (soy capaz, no es tan difícil, lo voy a conseguir…) algo fundamental, en la etapa de iniciación meditativa, para no caer en la desmotivación. Por añadidura, el hecho de “sentir” estas sensaciones corporales de forma tan intensa produce una sensación de cierta satisfacción, “es muy agradable” y por tanto, será un momento esperado tras la practica deportiva, no dará “pereza” realizarlo.

Por último, otro, y no menos importante, de los  beneficios “tangibles” que proporciona la realización de esta meditación tras la práctica deportiva es el constituir una excelente forma para reducir el ritmo corporal, esa relajación física que tantos beneficios aporta tras el deporte. Durante estos 20 minutos que dura la meditación, nuestras constantes se van relajando. El pulso, la frecuencia cardiaca, el tono muscular y la respiración se van apaciguando, no solo por el cambio de ritmo en sí, sino también y de forma más profunda, por el enlentecimiento fisiológico que se produce durante la meditación.

La relajación tras el ejercicio físico promueve la recuperación muscular, articular y la reparación de tejidos. La forma óptima de ayudar a nuestro cuerpo a recuperarse es precisamente “escuchándolo”, algo que mediante esta meditación haremos de forma más eficiente y placentera.

Descarga aquí el audio en formato MP3)

Anuncios