Beatriz Rodríguez(1), Amador Priede(2), Amparo Maeso(3), Henar Arranz(4) y Ángela Palao(1)
1 Hospital Universitario la Paz. Universidad Autónoma de Madrid. IdiPaz
2 Hospital Universitario Marqués de Valdecilla. Santander
3 Hospital Psiquiátrico Universitario Institut Pere Mata. Reus
4 Complejo Asistencial de Segovia

En los últimos años ha surgido un gran interés por el estudio y la aplicación de terapias basadas en la atención plena o Mindfulness en pacientes oncológicos. El programa de Reducción del Estrés Basado en la Atención Plena (MBSR) de la Univer­sidad de Massachussetts, es el programa de tratamiento más estudiado en esta pobla­ción. MBSR es un programa de formato grupal, de 8 semanas de duración, enfoca­do hacia la práctica de la atención plena por medio de técnicas de meditación y de yoga.

El primer estudio aleatorizado de MBSR en una población mixta de pacientes on­cológicos fue publicado en el año 2000 por Speca et al. Este programa demostró ser efectivo en la reducción de alteraciones de ánimo y disminución del estrés, frente a un grupo control de lista de espera. Desde entonces ha habido un aumento creciente de las publicaciones en la literatura cientí­fica sobre su eficacia.

Se han encontrado mejorías significa­tivas en el grupo de MBSR frente al de lista de espera en medidas de depresión y ansiedad, estrés percibido y evitación. Se ha encontrado una mayor reducción de los niveles de depresión y ansiedad, de miedo a la recurrencia, así como mayor energía, funcionamiento físico y desempe­ño de rol, una reducción en los niveles de estrés, de alteraciones de ánimo y de astenia, así como mejoras en la calidad del sueño, menos dolor físico, y aumento de la sensación de bienestar.

Cohen et al. encuentran que un pro­grama de entrenamiento en yoga tibetano, que incluye también técnicas de medita­ción junto a la práctica del yoga, mejora significativamente el sueño (calidad perci­bida, latencia, duración y menor uso de fármacos) de un grupo de pacientes con linfoma, en comparación a un grupo con­trol en lista de espera.

También se encuentran aumentos sig­nificativos en la calidad de vida de los pacientes, y un aumento del bien­estar espiritual. Un estudio comparativo entre MBSR y un programa de arte crea­tivo encontró que el grupo de mindful­ness conseguía mejores puntuaciones en medidas de espiritualidad, ansiedad, ira y síntomas de estrés y alteraciones del ánimo.

Cuando se combinaron terapia cogniti­vo conductual con entrenamiento en min­dfulness el programa demostró su eficacia para reducir las disfunciones sexuales tras un cáncer ginecológico, produciéndose efectos positivos en el deseo sexual, ex­citación, orgasmo, satisfacción sexual y bienestar.

Además de los beneficios descritos en pacientes oncológicos, también se han descrito mejoras en el funcionamiento psi­cológico de sus parejas, como reducciones significativas de estrés y de alteraciones del estado de ánimo, tras haber realizado MBSR.

Se ha estudiado también la repercusión de MBSR sobre parámetros biológicos, observándose una reducción de los niveles de cortisol y disminución de la tasa car­díaca y de las frecuencias cardíaca y respi­ratoria, incluso durante la hospitaliza­ción de los pacientes. Del mismo modo se encuentra una regulación de ciertos parámetros inmunológicos, como son el aumento de la producción de células NK tras la participación en MBSR, en muje­res con cáncer de mama, y reducción de citoquinas en pacientes con cáncer de mama y de próstata.

Un reciente meta-análisis confirma que tras el entrenamiento en el programa MBSR, se producen efectos significativos a la hora de mejorar la salud psicológica de los pacientes con cáncer, aunque no existe el mismo grado de certeza para afir­mar que se asocie con una mejoría en los parámetros biológicos.

En resumen, podemos afirmar que el creciente número de personas supervi­vientes de cáncer plantea nuevas nece­sidades de tratamiento para atender a sus demandas emocionales y mejorar su calidad de vida. Tras revisar los datos de la literatura previa, podríamos decir que pasar por la experiencia de una enferme­dad grave, como es la oncológica, tiene el efecto, cuando se ha experimentado como una experiencia de crecimiento personal, de potenciar una posición ante la vida en algunos aspectos similar a la que se co­noce como “vivir con atención plena”. Es decir vivir el presente, volviendo a los sentidos, un reencuentro con lo inme­diato, con lo cotidiano, sin crítica, y sin reaccionar (o mejor sobre reaccionar) a cada experiencia. No cambian los aconte­cimientos sino la forma de percibirlos: se trata de una transformación en la forma en que cada uno se relaciona con su realidad y no de la realidad en sí.

Las similitudes entre la descripción de las experiencias de crecimiento personal y la actitud que promueve Mindfulness, nos permite plantear como hipótesis que las técnicas basadas en atención plena pueden abrir un campo para promover el crecimiento personal tras la experiencia de enfermedad oncológica.

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