Piensa durante unos instantes en tu entorno laboral, tu trabajo, tus compañeros, tus jefes: ¿Qué te molesta?, ¿qué te desmotiva?, ¿qué te enfada o irrita?, ¿qué te frustra?, ¿qué te genera ansiedad?, ¿qué te deprime?… y ahora, hazte una nueva pregunta:

De todo eso, ¿qué puedo cambiar?

Si tu respuesta a esta última pregunta es “nada o casi nada”, te encantará conocer y practicar mindfulness.

Por una lógica básica de supervivencia, nuestra mente prioriza lo que solemos denominar “pensamientos negativos” pues implican problemas que hay que resolver y relega a un segundo plano, dejando para más tarde, lo relacionado con “pensamientos positivos”, pues no suelen suponer un problema del que haya que ocuparse en este momento.

Por este motivo desarrollamos una inercia que nos leva a ser más pesimistas y negativos, soliendo “ver la botella medio vacía”.

Si esas cuestiones que nos inquietan o disgustan no desaparecen, nuestra mente les prestará cada vez más atención, ganarán en intensidad y terminaremos desarrollando un estado de continua alerta. Vivimos en guardia, “con la escopeta cargada” y en determinados momentos, cuando las circunstancias no nos son favorables, o simplemente no nos gustan… disparamos…!

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Mindfulness no es más que la habilidad de vivir en calma y serenidad. Una habilidad que todos podemos desarrollar, simplemente cultivando nuestra atención y concentración de forma objetiva e imparcial. Mindfulness nos enseña a desactivar ese automatismo de nuestra mente que nos lleva a vivir  en continua alerta, inquietándonos por lo que puede ocurrir y dándole vueltas a lo que ya ha ocurrido, un bucle bastante nocivo que nos lleva a perder la calma y la salud, desarrollando estrés crónico, ansiedad, ira, desmotivación, perdida de eficiencia, etc.

Mindfulness nos permite desarrollar consciencia plena, atención, concentración y paciencia, mediante el aprendizaje de prácticas meditativas, técnicas y enfoques reflexivos, que provienen de la parte oriental del planeta, pero a las que en occidente (se estructuró hace cuarenta años en Estados Unidos, en el contexto clínico), hemos desprovisto de connotaciones religiosas, simbología e incluso, al inicio, filosofía.  Mindfulness es ciencia, no creencia.

Mindfulness fomenta las emociones “positivas” y ayuda a resistir las experiencias negativas. De hecho, la investigación de imágenes cerebrales muestra que una media hora de meditación mindfulness al día aumenta la densidad de la materia gris en partes del cerebro asociado con la memoria, el estrés y la empatía, pero que incluso con tan sólo diez minutos de meditación, cinco días a la semana durante cuatro semanas ya se consiguen reducir los signos de burnout y mejorar el bienestar, mostrando cambios positivos en las partes del cerebro asociadas con el aprendizaje, los procesos de memoria, la regulación emocional, la autoconciencia y la toma de perspectiva.

Mindfulness ha llegado de forma disruptiva al ámbito laboral y profesional, con más que óptimos resultados en la mejora del clima laboral, la comunicación en los equipos de trabajo y la motivación y eficiencia de los mismos, conllevando todo ello una drástica reducción del estrés que trasciende el contexto laboral y alcanza el plano personal y familiar.

Mindfulness nos ayuda a gestionar las emociones más eficazmente para que los estados negativos de la mente pasen más rápidamente y tengan menor  impacto.

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Google, eBay, PricewaterhouseCoopers, Prudential han sido pioneros en la implantación de la práctica de mindfulness entre sus empleados. También Facebook tiene su propio programa interno de mindfulness. Pixar, la compañía de animación, dispone de salas de meditación donde los empleados pueden ir a practicar la atención plena. General Mills, Ford, el gigante de seguros Aetna y otras compañías más tradicionales también han comenzado a ofrecer programas de entrenamiento de atención plena a sus equipos de profesionales. Empresas del ámbito financiero como Goldman Sachs, BlackRock, Santander también se suman al desarrollo del mindfulness en sus entornos laborales. Heineken, Repsol, son otros ejemplos, así como multitud de pequeñas y medianas empresas que comienzan ya a ofrecer a sus empleados la posibilidad de desarrollar la práctica de la atención plena con el objetivo de mejorar el clima laboral y reducir el estrés.

Dado que el estrés es una realidad en la vida laboral de muchas personas, la atención plena puede ser una herramienta eficaz para amortiguar sus efectos negativos. Mindfulness puede incluso ayudar a cambiar los lugares de trabajo a mejor. La investigación sugiere que el entrenamiento de atención plena ayuda a hacer que la gente sea más compasiva y empática con los demás. Al mejorar la forma en que las personas se relacionan entre sí, idealmente puede cambiar la cultura corporativa para mejorar, creando un lugar de trabajo más amigable y con mejores relaciones. Evidentemente Mindfulness no es la panacea y muchas organizaciones necesitarán cambios más grandes y sistémicos, pero es más que probable que la implantación de un programa de mindfulness y atención plena permita promover que esos cambios ocurran.

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