La calma es una habilidad y con el entrenamiento adecuado podemos desarrollarla.

Al igual que somos capaces de ponernos en forma física o de aprender a bailar, pintar, con la práctica adecuada podemos desarrollar un estilo de vida caracterizado por la calma y la serenidad. En este sentido, Mindfulness ha demostrado ser uno de los entrenamientos más eficaces de la calma.

Cuando empezamos a relacionarnos día a día, con el conjunto de prácticas formales, informales y reflexivas que estructuran el mindfulness, poco a poco empiezan a atenuarse esos procesos automáticos de nuestra mente que nos llevan a estar en guardia constantemente, buscando amenazas o rumiando sobre lo que ya ocurrido y el porqué.

En la mayoría de los casos es sorprendente; con sólo algunos días de mindfulness empezamos a percibir ese resultado y comienzan a aparecer pequeños avances que nos acercan a la calma, a la serenidad, parece que nos irritamos menos, nos concentramos mejor, disfrutamos más de todo: Mindfulness empieza a hacer efecto.

No hay efecto placebo, no es una idea, es la pura realidad. Nuestro sistema límbico se atenúa cada vez que practicamos unos minutos de atención plena, de meditación, y esas pequeñas paradas, que activan nuestro sistema nervioso parasimpático, suponen “apagones fisiológicos” que nos van acercando a la calma.

Sin embargo, regresar a la calma es solo el principio.

El auténtico potencial de mindfulness, se despliega ante nosotros, cuando decidimos traspasar el umbral que nos lleva a la introspección. Cuando decidimos ir más allá del “tan solo” parar. Cuando nos acercamos a observar y comprender cuál es el origen de nuestra falta de calma, qué nos aleja de ella.

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Podríamos estar toda la vida apagando fuegos, pero al final el monte terminaría quemado. Lo realmente eficiente no es “apagar fuegos” si no entender por qué surgen, anticiparnos e intentar prevenirlos. De igual forma, aunque es importante y muy beneficioso para nuestra vida alcanzar la calma, lo realmente eficiente es entender qué nos aleja de ella y gestionarlo, prevenirlo.

Inicialmente utilizamos mindfulness para reducir nuestro estrés, ansiedad, corregir y cuestiones relacionadas con nuestra autoestima, sin embargo es posible que el estrés y la ansiedad no fueran los grandes problemas de aquellos que inventaron la meditación, para los que incluso hoy no existe una traducción fácil del concepto occidental de la autoestima.

¿Para que sirve entonces la meditación?

Es una herramienta de introspección auto-observación y auto-conocimiento que nos permite a entender cuál es el origen de nuestras reacciones, qué es lo que nos aleja de la calma, por qué se prenden nuestros incendios.

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Una vez que decidimos iniciar ese camino de observación interior, de auto-conocimiento, comenzamos a recorrer el itinerario que nos conduce hacia la aceptación plena.

Cuando desde la calma observamos el conflicto, es cuando entendemos que debajo de la ira se esconden los auténticos cimientos del mismo y que posiblemente estos no apunten al exterior sino a nuestro interior.

Es fácil quedarse en la ira, pero ¿por qué surge.?

La observación, ecuánime, a la que nos acerca Mindfulness, nos permite ver la ira como un auténtico regalo, cada momento de conflicto es una oportunidad para entender nuestros patrones ocultos de comportamiento, nuestros automatismos.

Las emociones son instrumentos básicos de nuestra mente para sortear todo tipo de alarmas, cuando una no consigue su objetivo nuestra mente lo intenta con la otra. Un perro no ladra para intimidar sino porque se siente amenazado. El miedo precede a la ira y esta quizás a la tristeza. El miedo me permite detectar situaciones nocivas y la ira me permite afrontarlas cuando persisten, la tristeza puede aparecer cuando no soy capaz de superarlas.

Un estado continuo de enfado y discusión con nuestra pareja, puede derivar en tristeza y frustración por no sentirnos capaces de mantener una relación satisfactoria. ¿pero por que discutimos? Es posible que en muchas ocasiones interpretamos de forma molesta el comportamiento de mi pareja; no reconoce mi esfuerzo, no me habla con cariño, se le olvidan fechas o eventos importantes para mí, va a lo suyo, pienso que no me quiere y eso… me molesta.

Mindfulness, nos ayudará sin duda a frenar estas intensidades emocionales, a atenuar ese conflicto y acercarme de nuevo a la calma, pero… ¿hemos entendido por qué me molesta realmente el comportamiento de mi pareja?

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¿Y si debajo de esa ira, se esconde un miedo a sentirnos solos?, ¿y si realmente el origen de mi ira es el miedo a que mi pareja no me quiera? El miedo actúa como una herida oculta que no vemos, pero que se pone de manifiesto cuando alguien, en este caso con su comportamiento, la toca.

Podríamos continuar recorriendo ese camino de autoconocimiento y preguntarnos qué hay debajo de ese miedo. ¿Por qué tengo ese miedo a estar solo, a que mi pareja no me quiera? Nuestro inconsciente se nutre de patrones de pensamiento y comportamientos basados en nuestra experiencia. Si una vez me quemé, mi mente permanecerá en alerta evitando que vuelva a quemarme y poniéndome en guardia ante todo lo que pueda ser fuego…  ¿y si debajo de ese miedo, se esconde es una necesidad no cubierta?, ¿y si en el pasado he tenido otra otras relaciones no exitosas y ello ha generado un patrón?, ¿y si nunca me he sentido querido y tengo esa necesidad no cubierta?

La existencia de una necesidad sin cubrir activa el miedo inconsciente a que no sea cubierta y ese miedo activa la ira cuando alguien lo pone manifiesto cuando así interpretamos su comportamiento.

En mis cursos tengo la fortuna de observar decenas de casos similares. Nos quedamos anclados en la ira, nos resulta más fácil encontrar culpables fuera que mirar qué se esconde en nuestro interior. A nuestro ego no le interesa, se alimenta de la culpa, nos hace encontrar siempre algún culpable, eso refuerza nuestros escudos defensivos, vivimos rodeados de peligro, culpa y conflicto.

Nuestra dificultad para decir no, nuestra inseguridad, nuestra falta de amor, nuestra sensación de imperfección, nuestra falta de reconocimiento social, laboral, etc. prenden nuestros fuegos y nos alejan de la calma.

Mindfulness, nos permite entrar en un estado de quietud, de calma, de observación que nos acerca a entender cuáles son los orígenes de nuestras reacciones y una vez que los conocemos (o creemos entender), podemos elaborar estrategias para aceptarlos, anticiparnos y quizás prevenirlos.

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Te animo a que des ese paso, ve más allá del tan solo “parar”

Utiliza mindfulness para observarte aprender de ti mismo; ¿y si descubrimos que nuestro principal león somos nosotros mismos?, ¿y si descubrimos que realmente no existen personas tóxicas, que somos nosotros los que nos intoxicamos?, ¿y si descubrimos que nos resulta más cómodo llamar tóxica a aquella persona que simplemente pone de manifiesto nuestras debilidades?, ¿y si aceptamos nuestras debilidades y con ello nos liberamos de las mismas?, ¿y si descubrimos que vivimos inmersos en el conflicto porque hace tiempo erramos el camino y dejamos de perseguir nuestras necesidades para perseguir nuestros deseos?

Prepárate para el gran cambio, prepárate para entrar en la calma y no salir de ella.

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