Extracto del temario:
Especialista Universitario en Educación Consciente y Mindfulness de la Universidad de Almería.
  1. El Ego es la creencia de que estás separado, tu identidad falsa

El ego siempre está buscando alimento para su identidad separada, para su sentido del «yo». Así es como el ego (el yo separado) viene a la existencia y se recrea continuamente a sí mismo.

Cuando piensas o hablas sobre ti, cuando dices «yo», sueles referirte a «yo y mi historia». Éste es el «yo» de lo que te gusta y de lo que te disgusta, de tus miedos y deseos, el «yo» que nunca está satisfecho por mucho tiempo. Es un sentido de quien eres, creado por la mente, condicionado por el pasado y que trata de encontrar su realización en el futuro.

Este «yo» fabricado por la mente se siente incompleto y precario. Por eso el temor y el deseo son sus emociones predominantes y sus fuerzas motivadoras.

Algunas de las formas más comunes que los humanos tenemos de enfatizar nuestra identidad separada en base a la forma son: exigencia de reconocimiento por algo que hicimos; intentar atraer la atención de los demás por medio de hablar sobre problemas; dar nuestra opinión cuando nadie nos la ha pedido y cuando ésta no va a cambiar la situación; estar más preocupado por cómo nos ven los demás que por cómo comprender a las personas; intentar impresionar a los demás por medio de nuestras posesiones, conocimientos, buena imagen, estatus, fuerza física, etc.; tomarnos las cosas de manera personal; intentar llevar la razón y decir que los demás están equivocados; querer ser vistos como una persona importante.

La necesidad de oponerse, de resistirse y de excluir está incorporada a la estructura misma del ego, ya que esto le permite mantener el sentido de separación del que depende su supervivencia. De modo que «yo» voy contra el «otro», «nosotros» contra «ellos». Es frecuente que tribus, naciones y religiones consigan fortalecer su sentido de identidad colectiva teniendo enemigos, ¿Quién sería el «creyente» sin el «infiel»?

Sólo la creencia en la separación le permite a un ser poder atacar a otro, maltratarlo, ser injusto, matarlo, etc. Cuando la persona se convence de su separación, de su aislamiento, de que está desconectado de lo demás, empieza a ver la vida como una competencia, como una supervivencia, es decir no vivimos nuestra vida, sobrevivimos. La competencia, a su vez, aumenta la sensación de estar cada vez más aislado de los demás y se entra en un círculo vicioso.

El ego necesita estar en conflicto con alguien o algo. Eso explica por qué buscamos la paz, la alegría y el amor, pero no podemos tolerarlos por mucho tiempo. Decimos que queremos la felicidad, pero somos adictos a nuestra infelicidad.

En último término, la infelicidad no surge de las circunstancias de nuestra vida, sino del condicionamiento de nuestra mente.

 

  1. El ego siempre busca culpables. La culpa es el agente secreto del ego

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“La culpa de lo que vivo la tienen otros, o la culpa la tienen las circunstancias, la cultura, los políticos, mis padres, mi jefe, mi pareja, m familia, el euro, etc.”. Ésta es una de las trampas principales del ego y a través de la cual mantiene su sentido separación, siempre buscando culpables, y así evitar asumir la única responsabilidad de lo que vivimos.

Al dejar de echarle la culpa a lo que se encuentra afuera, existe una marcada tendencia a albergarla dentro. No hay diferencia entre lo que se encuentra dentro y lo que se encuentra afuera. Culparse uno a sí mismo es identificarse con el ego y es una de sus defensas principales. No puedes culparte a ti mismo sin culpar a los demás puesto que forman parte de ti y no puedes culparlos a ellos sin culparte a ti mismo.

Los hábitos mentales favoritos del ego, los que le fortalecen, son la queja y la reactividad. Buena parte de la actividad emocional-mental de muchas personas consiste en quejarse o reaccionar contra esto o lo otro. Ello hace que los demás, o la situación, estén «equivocados», mientras que ellos «tienen razón». Teniendo razón se sienten superiores, y sintiéndose superiores fortalecen su sentido del yo. En realidad, sólo están fortaleciendo la ilusión del ego.

No hay nada que el ego, defienda con mayor pasión que su derecho a “tener la razón”, aunque el precio por ese triunfo sea la pérdida de la paz, la compañía, la amistad e incluso el amor.

“¿Qué prefieres, tener la razón o ser feliz?”

El quejarse incluye el buscar culpa y fallos en los demás y el hacer comentarios negativos, ya sea de viva voz o en pensamiento. Presta especial atención al quejarse sin un propósito de enmienda, ese tipo de queja que no provoca un cambio positivo en una situación o en una persona. Por ejemplo, el quejarse sobre el tráfico, el tiempo, el tener que esperar en una cola o al teléfono. También quejas sobre algo que alguien hizo o dijo (o que por el contrario no hizo o no dijo), quejas sobre tu pareja, el trabajo, la economía, la salud y determinados grupos de personas. Nota esa voz que articula la queja en tu mente. Nota que sólo está intentando llevar la razón, sentirse superior o sentirse más separado del resto. Cada vez que notes esta voz quejándose, pregúntate si puedes aceptarla como lo que es en realidad: un patrón antiguo en tu mente, la voz del ego. No es quién tú eres en realidad.

  1. La necesidad de ser especial es el deseo secreto del ego

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 Es una de las trampas más poderosas por la fuerza que le imprime nuestra sociedad misma y nuestra cultura. Se favorece la idea de que hay personas especiales y situaciones especiales.

El ego exige que debe ser tratado con una distinción especial y de ahí surgen todos losprogramas de “reconocimiento” como “cliente distinguido”, “cliente oro”, “VIP”, “tarjeta platino”, “miembro del club tal”, “viajero frecuente”, “tarjeta dorada”, etc. Quienes trabajan en la industria de la publicidad saben muy bien que para vender cosas que las personas realmente no necesitan deben convencerlas de que esas cosas aportarán algo a la forma como se ven a sí mismas o como las perciben los demás, en otras palabras, que agregarán a su sentido del ser. Lo hacen, por ejemplo, afirmando que podremos sobresalir entre la multitud utilizando el producto en cuestión y, por ende, que estaremos más completos. Si estuvieran al alcance de todo el mundo, perderían su valor psicológico y nos quedaríamos solamente con su valor material, el cual seguramente equivale a una fracción del precio pagado. Estas distinciones le encantan al ego. “El falso éxito crea adicción“.

Si en tu trato con otras personas puedes detectar ligeros sentimientos de superioridad o inferioridad hacia ellas, estás viendo el ego, que vive de la comparación. La envidia es un derivado del ego, que se siente disminuido cuando a otra persona le pasa algo bueno, o cuando alguien tiene más, sabe más o puede hacer más que tú. La identidad del ego depende de la comparación y siempre quiere más. Se agarra a cualquier cosa. Si todo lo demás fracasa, puedes fortalecer tu ficticio sentido del yo sintiéndote más maltratado por la vida o más enfermo que otras personas. Casi todos los personajes, nuestra identidad falsa, contienen algún elemento de lo que podríamos llamar «identidad de víctima». La imagen de víctimas que algunas personas tienen de sí mismas es tan fuerte que se convierte en el núcleo central de su ego. El resentimiento y los agravios forman parte esencial de su sentido del yo, se han construido una identidad de víctima que se parece mucho a una prisión cuyos barrotes están hechos de formas mentales.

Cuando no recibimos un trato especial, el Ego se ofende muy fácil y rápidamente. Cada vez que te sientes ofendido, estás a merced de tu ego. Cuando sientas que una persona te ofende, no te ofende a ti, a tu verdadero yo, sino que ofende a la idea que tú tienes de ti, o sea, a tu ego. Comprende que no reaccionas a nada directamente, sino a tu propia interpretación de ello.

“Nunca estoy disgustado por la razón que creo”

Sí te marcas metas egóticas que te potencian o te hacen sentir importante, aunque las consigas, no te sentirás satisfecho. Márcate metas, pero sabiendo que alcanzarlas no tiene la menor importancia. Cuando algo surge de la presencia, significa que este instante no es un medio para un fin: la acción es satisfactoria por sí misma en cada momento.

  1. El lema del ego es: “Busca pero no halles”

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El ego siempre está buscando, de hecho el slogan del ego es “Busca pero no halles” Puesto que en el fondo se siente carente e incompleto, en algún lugar sabe que su existencia es falsa, busca continuamente añadirse algo más de esto o de lo otro para completarse. Eso sí, siempre te mantendrá buscando fuera de ti, en el mundo externo, donde no puedes encontrar la paz y la felicidad.

Es la enfermedad 3M (Mucho-Más-Mejor). Se vive con la idea de que cuanto más se tenga, más poder, más belleza, más fama, más inteligencia y con más títulos académicos, serás mejor. El ego siempre intentará convencernos de que adquiriendo esto o lo otro vamos a encontrar la satisfacción. Hay personas que acaban de comprar un producto y ya están pendientes de si salió uno mejor para comprarlo, sin poder disfrutar del que ya tienen. Son los clientes perfectos para la sociedad de consumo. La ansiedad y preocupación suelen ser un par de constantes en la vida de la mayoría de las personas, donde por tanto tener, por tanto acumular, por incluso desear más y más, surge un gran temor a perderlo todo, y es que como les ha costado tanto trabajo ganar lo que tienen, perderlo les puede resultar muy doloroso.

“Es imposible no tener, pero es posible que no sepas que tienes”

La mente programada o egótica existe en un estado de «nunca tener suficiente», por lo que siempre ambiciona más. Cuando te identificas con el ego, te aburres y te inquietas fácilmente. El aburrimiento significa que la mente tiene hambre de nuevos estímulos, de más alimento para el pensamiento, y que su hambre no está siendo satisfecha.

Cuando estás aburrido, satisfaces el «hambre mental» leyendo una revista, haciendo una llamada telefónica, poniendo la tele, navegando por Internet, yéndote de compras o —y esto es bastante común— transfiriendo al cuerpo la sensación mental de carencia y la necesidad de querer siempre algo más, satisfaciéndolas brevemente ingiriendo más comida. O puedes sentirte aburrido e inquieto, y observar la sensación de estar aburrido e inquieto. A medida que vayas dándote cuenta de estas sensaciones, empezará a surgir algún espacio y quietud en torno a ellas. Al principio sólo habrá un poco, pero, conforme crezca la sensación de espacio interno, el aburrimiento empezará a disminuir en intensidad y significado. De modo que incluso el aburrimiento te puede enseñar quién eres y quién no eres.

El sentido de carencia y de insatisfacción permanente explica su preocupación compulsiva por el futuro. Cuando te des cuenta de que estás viviendo «para el momento siguiente», ya has salido del patrón mental del ego, con lo que surge la posibilidad de elegir prestar toda tu atención a este momento. Prestando toda tu atención a este momento, una inteligencia mucho mayor que la inteligencia de la mente egótica entra en tu vida.

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