SESIONES INDIVIDUALES y PERSONALES

Alguien en consulta me dijo una vez:
«Nacho, llevo meses sin ansiedad.»

Le dije:
«Eso es una gran noticia.»

Pero ella se quedó callada.

Y añadió:
«No tanto.»

Le pregunté por qué.

Y empezó a enumerar cosas.

Ya no conducía.
Ya no viajaba.
No iba sola al supermercado.
No salía demasiado lejos de casa.
No quedaba apenas con amigos.
No cogía ascensores.
No entraba en centros comerciales.
No hacía muchas cosas que antes hacía con normalidad.

Entonces entendí lo que estaba ocurriendo.

La ansiedad había desaparecido.
Pero también media vida.

Y esa es una trampa muy frecuente.

Al principio evitamos algo para sentirnos mejor.

Un sitio.
Una conversación.
Una situación.
Un viaje.
Una llamada.

Y funciona.

Sentimos alivio.

El problema es que el cerebro aprende rápido.
Muy rápido.

No aprende que te sentiste mejor.
Aprende que aquello era peligroso.

Y entonces amplía la zona de exclusión.

Hoy evitas una carretera.
Mañana una ciudad.
Después un viaje.
Después cualquier plan que implique salir de tu zona conocida.

Sin darte cuenta, tu vida empieza a girar alrededor de sentirte seguro.

Y cuanto más pequeña se hace tu vida…

Más importante se vuelve la ansiedad.

Por eso, cuando trabajo con una persona en sesiones individuales, mi objetivo no es que deje de sentir ansiedad.

Eso llega después.

Mi objetivo es mucho más práctico.

Que vuelva a recuperar terreno.
Que vuelva a conducir.
Que vuelva a a viajar.
Que vuelva a entrar en ese supermercado.
Que vuelva a llamar por teléfono.
Que vuelva a hacer aquello que la ansiedad le convenció de abandonar.

No trabajamos para construir una vida sin ansiedad.

Trabajamos para construir una vida tan grande que la ansiedad deje de ocupar el centro de la habitación.

Porque la pregunta importante no es:
«¿Sigo teniendo ansiedad?»

La pregunta importante es:
«¿Estoy viviendo la vida que quiero vivir?»

Y esa diferencia lo cambia todo.

A veces no necesitas otro curso.
Necesitas sentarte una hora con alguien y ordenar el caos.

Hay una escena que veo constantemente.

Una persona tumbada en la cama.
Las dos de la mañana.
Cansada.
Agotada.

Y sin embargo despierta.
Dándole vueltas a lo mismo.

Otra vez.

La conversación pendiente.
La decisión que no termina de tomar.
La relación que le desgasta.
La ansiedad.
La culpa.
El miedo.
La sensación de estar atrapada.

Lo curioso es que la mayoría de esas personas no son ignorantes.

Al contrario.

Han leído libros.
Han visto vídeos.
Han escuchado podcasts.

Incluso podrían explicar bastante bien lo que les ocurre.

Y sin embargo siguen ahí.

¿Por qué?

Porque saber qué te pasa no siempre significa saber qué hacer con ello.

Y porque una cosa es aprender principios generales.
Y otra muy distinta aplicarlos a tu vida.
A tu situación.
A tu historia.
A tus circunstancias.

El problema no siempre es el problema.
Cuando cambias el lugar donde miras, muchas veces cambia también el problema.

Lo que hacemos en una sesión individual

No trabajo con recetas.
No trabajo con frases bonitas.
No trabajo con teorías abstractas.

Trabajamos con tu realidad.
Con lo que está ocurriendo ahora mismo.

Dependiendo del caso utilizamos herramientas de:

Mindfulness
Terapia cognitiva
Autocompasión
Regulación emocional
Gestión de la ansiedad
Clarificación de valores
Estrategias conductuales

Pero la herramienta nunca es lo importante.

Lo importante es encontrar la herramienta adecuada para ti.

Porque dos personas con el mismo síntoma pueden necesitar estrategias completamente distintas.

No creo en las terapias eternas.
Y sé que esta afirmación no le gustará a todo el mundo.

Pero la experiencia me ha enseñado algo.

La mayoría de las personas no necesitan complicar más su problema.

Necesitan entenderlo mejor.

Mi objetivo no es que dependas de mí.
Mi objetivo es que desarrolles cuanto antes una manera más eficaz de relacionarte con aquello que hoy te hace sufrir.

Y que puedas seguir caminando por tu cuenta.

Online o presencial

Trabajo tanto de manera presencial como online.

Y después de años haciéndolo puedo decir algo con tranquilidad:

Los resultados son idénticos.

Porque lo importante no es la silla donde te sientas.
Lo importante es la conversación que tenemos.

La claridad que aparece.
Y las decisiones que empiezan a tomarse después.

Quizá no necesites una sesión.
Y eso también está bien.

Pero si llevas meses (o años) dándole vueltas a lo mismo.

Si has probado muchas cosas.
Si sabes más o menos lo que te ocurre.

Pero sigues sintiendo que no avanzas…

Quizá haya llegado el momento de dejar de buscar más información.
Y empezar a trabajar sobre tu caso concreto.

Porque a veces una hora no cambia una vida.
Pero sí cambia la dirección en la que esa vida empieza a caminar.

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Presencial u online

Duración aproximada: 60 minutos

Totalmente personalizada

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